Exclusión educativa. Análisis global y situación en Paraguay

Estamos ante un fenómeno complejo de exclusión socio educativa que quiebra “el ser”, lo cosifica, por lo que es fundamental recuperar la educación como un derecho humano, en términos de justicia social. Por lo tanto es fundamental:

  • Fortalecer la relación escuela – sociedad – familia, rescatando los vínculos, los afectos. Aprendiendo de los saberes populares, debatiendo sobre las necesidades y problemas de manera a encaminar las posibles soluciones
  • Esto se relaciona con la necesidad de incorporar al currículo la realidad vivida y sentida por la comunidad educativa, vinculando esto con lo regional, nacional y mundial en la lógica de que lo local se articula con lo global. Esto también nos lleva concebir el currículo como un instrumento flexible y dinámico sin que con esto pierda su función de marcar los lineamientos centrales del proceso pedagógico
  • Valorar la profesión docente y directiva, rompiendo con la propuesta de asumir que el director es un gerente y planteando la tarea docente como una profesión que tiene como principal característica el liderazgo democrático, participativo y colaborativo
  • Promover verdaderos procesos de capacitación y actualización de los profesores dentro de la pedagogía crítica y asumiendo métodos colaborativos que respeten y valores los aprendizajes y experiencias de todos
  • Desarrollar e incorporar una gestión pedagógica basada en los principios de la educación crítica de manera a romper con el positivismo que se adueñó de la educación y que se va deformando y complementando con una práctica autoritaria y acrítica
  • Definir e implementar programas que respeten la diversidad cultural y social y que no busquen igualar a las personas
  • Respetar la cultura y fortalecer la identidad
  • Comprender y asumir que somos un país plurilingüe y que todas las palabras deben ser expresadas y escuchadas en su lengua de manera a que las personas sean respetadas y valoradas en su identidad

Todas estas propuestas planteadas, contribuirán a romper la exclusión incorporando nuevos procesos pero desde un planteo de cambio radical, entendiendo como dice Freire, P. (1992) que “… la “democratización” de la desvergüenza que se ha adueñado del país” (Pág. 24). Por tanto, debemos recuperar el país, su gente, recuperar los valores que se van convirtiendo en palabras decorativas, usadas en discursos pero ausentes en las prácticas.

En Paraguay, hoy, estamos viviendo grandes transformaciones que nos convierten en un país para la especulación y los negocios del narcotráfico y apropiación del territorio, expulsando así a gran parte de la población tanto en el sector urbano como rural.

Ante esta realidad, los educadores y educadoras debemos asumir nuestro rol de intelectuales transformadores, como dice Freire. P. (citado por Duarte. A. Pág. 4), para lo cual debemos tomar consciencia de la realidad, introyectarla y querer transformarla. Esto constituye un compromiso ético, político y pedagógico que permiten comprender las verdaderas causas de la exclusión educativa para intervenir desde una práctica innovadora, empática y solidaria.

Hoy en Paraguay, se habla nuevamente de la necesidad de una Reforma Educativa, pero nos toca preguntarnos: ¿Quiénes la dirigen y financian?, ¿Desde qué marco político e ideológico se construye?, ¿Se tomará nuevamente la participación como sinónimo de  consulta? ¿Cuáles serán las voces escuchadas?

Estas y muchos otros cuestionamientos surgen ante este nuevo proceso que el Ministerio de Educación y Ciencias – MEC, llevará a cabo en un corto tiempo previsto (para el 2019 se plantea finalizar), lo que hace suponer que la participación crítica y amplia de los sectores empobrecidos, marginados y de quienes están día a día en la tarea educativa, no serán escuchados y tenidos en cuenta.

Como educadoras/es tenemos adelante un gran desafío, ya que la exclusión y los otros graves problemas educativos, tienen varias aristas que dan cuenta que la problemática es compleja y nos demanda mayor profundidad de análisis y que los caminos que venimos recorriendo no son los correctos para la solución de los mismos.

Se precisa la revisión de nuestras prácticas desde la autocrítica y crítica al sistema político y educativo opresor, entendiendo que al buscar liberar a los niños/as y jóvenes, también nos estamos liberando nosotras y construyendo una sociedad inclusiva, democrática, participativa, solidaria y justa.

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