Exclusión educativa. Análisis global y situación en Paraguay

Por otro lado, la educación también se convierte en un bien de consumo, al cual se accede pagando. Este modelo educativo forma ciudadanos consumistas que sostendrán la sociedad capitalista.

En este modelo, el Estado pierde su rol y responsabilidad, ya que de ser quien define e implementa políticas públicas, se convierte en un simple “pagador” de servicios, los cuales están regulados por el mercado. Sosteniendo este modelo, están los bancos internacionales que plantean las estrategias de mitigación de la pobreza, pero que hasta la fecha no se tienen datos estadísticos de su efectividad, más bien en nuestro país, las cifras de pobreza van en aumento y en lo que respecta a educación la exclusión constituye hoy un problema que se agudiza, dando así lugar a plantear que las políticas actuales no apuntan a la solución de los problemas pero sí a un endeudamiento país que va creciendo con altas tasas de interés.

Con esto se evidencia que el planteo de que la educación es neutra y donde lo ideológico no tiene cabida, es también una estrategia para instalar el currículo oculto basado en los principios del neoliberalismo.

Este sistema, en el caso de los países llamados “del tercer mundo” y específicamente en Paraguay, que plantea el “achicamiento” del estado, está produciendo una amplia y profunda crisis social y económica, de la cual la educación no se salva. Es así que en nuestro país, a pesar del avance en el acceso y la gratuidad de la educación, aún persiste el problema de la expulsión del sistema.

Como se expresa en el informe de la Iniciativa Global por los Niños Fuera de la Escuela (NFE) de UNICEF, en relación al Paraguay. (2016), a esta exclusión actual de la escolaridad, se le suma una exclusión silenciosa que es la de aquellos estudiantes que asisten a la escuela pero se encuentran en serio riesgo de abandonar.

Según dicho informe, a partir de 7° grado, se manifiesta una disminución progresiva del total de matriculados, lo cual se debe a la reprobación y el abandono. Así también ocurre en el 3° ciclo, donde es mayor la expulsión, evidenciando que los jóvenes de este ámbito enfrentan mayores dificultades para acceder y permanecer en este nivel, lo cual se acentúa en la Educación Media. Por cada 100 estudiantes en el 1 ° grado oficial, hay 49 en el 3° de la Media. Esta situación, se agudizan aún más en las poblaciones indígenas, según el informe de la DGEEC – EHI (2008), donde la retención escolar de la cohorte 1999-2007 de la EEB evidencia que de 100 alumnos/as inscriptos en el 1° grado en el año 1999, solo 10 llegan al noveno grado en el año 2007.

Los datos estadísticos de la DGEEC (2016) evidencian que casi el 55,6 % de los jóvenes entre 15 y 29 años no asiste actualmente a una institución educativa. Si separamos por rangos, vemos que:

  • de 15 a 19 años es el 30,1% que no asiste a una institución de enseñanza.
  • de 20 a 24 años el porcentaje es de 67,5%.
  • de 25 a 29 años de 85,2 %, según indican estudios recientes.

En cuanto a las causas del abandono de la educación formal, el 66,4% de los jóvenes manifiesta que lo hizo por motivos económicos, las mujeres abandonaron a causa de las responsabilidades del hogar y como tercer motivo se encuentran razones relacionadas a la oferta educativa (EPH, 2015).

Estos datos evidencian que la educación paraguaya está en crisis y para mejorar, se precisan cambios radicales, es necesario democratizar la escuela. Nutrirla de un planteo innovador, desafiante y que respete y asuma la realidad pluricultural de nuestro país.

Nos vamos convertido en una sociedad frugal, líquida como las demás sociedades, como lo plantea Bauman (2008), lo que significa que se van rompiendo los vínculos y nos adentramos en una sociedad individualista y privatizada. Ya que lo líquido es cambiante, fluye permanentemente como la liberación o desregulación del mercado.

Por lo tanto la educación tiene un gran desafío, no es formar a los niños y jóvenes a adaptarse a esta sociedad, sino poder transformarla.

“Se necesita una escuela que enseñe a valorar las cosas, que promueva el cuidado de las misma y que genere en sus estudiantes sentido de responsabilidad en la construcción de un mundo mejor, lo que obliga a plantearse en qué mundo queremos vivir y poner los medios para construirlos”. (Avellaneda. V. 2015. Pág. 69)

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